La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel entró en una nueva fase de alta tensión luego de ataques dirigidos contra infraestructura energética clave en territorio iraní. Entre los objetivos se encuentra uno de los mayores yacimientos de gas del mundo, lo que ha encendido alarmas sobre el impacto global en el suministro energético. Este episodio marca un punto de inflexión en el conflicto, al trasladar los enfrentamientos hacia activos estratégicos de alto valor económico.
Como consecuencia inmediata, los precios del petróleo registraron un fuerte repunte, acercándose a los 110 dólares por barril, impulsados por el temor a interrupciones en el flujo de energía a nivel mundial. Analistas advierten que, de prolongarse la escalada, el costo del crudo podría incrementarse aún más, afectando la inflación y el crecimiento económico en diversas regiones.
En paralelo, Irán ha prometido responder a los ataques y ha lanzado misiles contra territorio israelí, lo que aumenta el riesgo de una expansión del conflicto en Medio Oriente. La tensión también se refleja en los mercados financieros internacionales, donde prevalece la incertidumbre ante un posible deterioro prolongado de la estabilidad energética y comercial global.
